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Degustación de Pennac

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Los 10 derechos del lector escritos por Daniel Pennac se extraen de su libro Como una novela publicado a principios de los 90. Se trata de un ensayo, un breve y magnífico ensayo, sobre la lectura donde incluye multitud de guiños a los lectores (“yo también he sufrido lo que tú”, parece decir) que también van dirigidos, directa o indirectamente, a aquellos que deben introducir a los niños en el mundo del libro.

Haciendo uso de uno de mis derechos como lector (y si hay algún problema con los del autor, que me lo digan) picoteo uno de los pasajes al final del libro en el que amplía el tercer derecho:

El derecho a no terminar un libro.

Hay treinta y seis mil motivos para abandonar una novela antes del final: la sesación de ya leída, una historia que no nos engancha, nuestra desaprobación total a las tesis del autor, un estilo que nos pone los pelos de punta, o por el contrario una ausencia de escritura que no es compensada por ninguna razón de seguir adelante… Inútil enumerar las 35.995 restantes, entre las cuales hay que colocar sin embargo la caries dental, las persecuciones de nuestro jefe de oficina o un seísmo amoroso que petrifica nuestra cabeza.

¿El libro se nos cae de las manos?

Que se caiga.

Al fin y al cabo no todo el mundo puede ser Montesquieu para ofrecerse por encargo al consuelo de una hora de lectura.

Sin embargo, entre todas las razones que tenemos para abandonar una lectura, hay una que merece cierta reflexión: el vago sentimiento de una derrota. He abierto, he leído, y no he tardado en sentirme sumergido por algo que notaba más fuerte que yo. He concentrado mis neuronas, me he peleado con el texto, pero imposible, por más que tenga la sensación de que lo que está escrito allí merece ser leído, no entiendo nada -o tan poco que es igual a nada-, noto una «extrañeza» que me resulta impenetrable.

Lo dejo estar.

O, mejor dicho, lo dejo a un lado. Lo coloco en mi biblioteca con la vaga intención de insistir algún día. El Petersburgo de Andrei Biely, Joyce y su Ulises, Bajo el volcán de Malcolm Lowry, me han esperado durante años. Hay otros que me siguen esperando, algunos de los cuales probablemente no recuperaré jamás. No es un drama, así es la vida. La noción de «madurez» es algo extraño en materia de lectura. Hasta una determinada edad, no tenemos edad para determinadas lecturas, de acuerdo. Pero, contrariamente a las buenas botellas, los buenos libros no envejecen. Nos aguardan en nuestros estantes y somos nosotros quienes envejecemos. Cuando nos creemos suficientemente «maduros» para leerlos, los abordamos de nuevo. Entonces, una de dos: o se produce el encuentro, o es un nuevo fiasco. Es posible que lo intentemos una vez más, quizá no. Pero está claro que no es culpa de Thomas Mann que yo no haya podido, hasta ahora, alcanzar la cumbre de su Montaña mágica.

La gran novela que se nos resiste no es necesariamente más difícil que otra…, existe entre ella -por grande que sea- y nosotros -por aptos para «entenderla» que nos estimemos- una reacción química que no funciona. Un buen día simpatizamos con la obra de Borges que hasta entonces nos mantenía a distancia, pero permanecemos toda nuestra vida extraños a la de Musil…

Entonces tenemos dos opciones: o pensar que es culpa nuestra, que nos falta una casilla, que albergamos una parte irreductible de estupidez, o hurgar del lado de la noción muy controvertida de gusto e intentar establecer el mapa de los nuestros.

Es prudente recomendar a nuestros hijos esta segunda solución.

Y más aún cuando puede ofrecer un placer excepcional: releer entendiendo al fin por qué no nos gusta. Y otro placer excepcional: escuchar sin emoción al pedante de turno berrearnos al oído:

-Pero ¿cóooooomo es posible que no le guste Stendhaaaaal?

Es posible.

Referencias:

  • Pennac, Daniel, Como una novela (Comme un roman, 1992), trad. Joaquín Jordá, Barcelona, Anagrama, 9ª edición, 2003, ISBN: 84-339-1367-0.

[4/2/2009] El texto completo de los “10 derechos del lector” puede encontrarse en este enlace (visto en Addenda & Corrigenda)

Written by Commedia

Sábado, 22 noviembre 2008 a 11:11 pm

Publicado en Cuentos

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6 comentarios

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  1. Me encanta eso de no meterse con los que no leen. A veces nos las damos de “leídos” con gente a la que no le hacemos ningún favor. Además en la libertad de cada uno está el decidir cuánto saber. Y sí, amigo, también algunos libros leídos a medias duermen en mis estantes el sueño de los justos. Eso sí, siempre me prometo volver a ellos, quizás por un pequeño sentimiento de culpa. De Pennac sólo conozco al Señor Malausénne. Hay que leer más.

    SlowPepe

    Domingo, 23 noviembre 2008 at 1:13 am

  2. Yo también soy de los que tengo libros que esperan su mejor hora para ser leídos. Jesús, un buen amigo mío, dice que deja sus libros “en barbecho”.🙂

    No había leído nada de Pennac hasta que ví la reseña de Jim Botó y lo saqué de la biblioteca (tengo la tremenda suerte de tener una al lado de casa). Me gusta su tono irreverente y anticonvencional, además de cómplice con el lector. Su estilo no es el del “experto” que intenta colarte sus ideas, y para demostrarlo comienza reconociendo sus propias limitaciones para ponerse a la altura de su interlocutor.

    Un libro, sin duda, refrescante que me ha sacado más de una sonrisa.

    Me encanta verte por aquí de nuevo, Pepe. Acabo de leer la última anotación de tu bitácora y ya veo que vuelves a la carga. Sólo te pido que dosifiques tus fuerzas porque ahora las necesitarás más que nunca.

    Commedia

    Domingo, 23 noviembre 2008 at 4:01 pm

  3. Interesante cuestión en la que por h o por b ando durante los últimos dos años.
    Me confieso derrotado por todos los flancos. Descansan en el pelotón de los rechazados Ken Follet, Umbral, Gert Mak, qué se yo.
    Ah, y muy buena reseña hoy la de los derechos y su inculcación a los niños. Como padre especial de especiales crios, tomo nota.

    spanjaard

    Domingo, 23 noviembre 2008 at 9:31 pm

  4. El libro de Pennac está lleno de guiños y “collejas mentales” a padres y educadores de los que yo también he sabido tomar buena nota por mis, sin duda especiales, chavales.

    Commedia

    Lunes, 1 diciembre 2008 at 12:29 am

  5. Me encanta ese derecho ya que la lectura por obligación es la mayor de las cargas que conozco (lo dice un lector semicompulsivo).

    Un saludo.

    Gww

    Domingo, 14 diciembre 2008 at 6:22 pm

  6. Gracias por tu comentario Gww y regresa cuando quieras.

    Commedia

    Lunes, 15 diciembre 2008 at 10:32 am


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