Corre con el Cuento

Cosas del Correr y de Cuentos

Las zapatillas de Sofía

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Estoy pensando si jubilarlas. Hace poco me dí cuenta de que la derecha tiene un agujero por el que entra el agua cuando llueve y, si me descuido, sale algún dedo.

En su día, cuando les hice el rodaje, aproveché para comprar otro par con el que alternar tiradas largas y cortas (todavía me resisto a las series), días lluviosos y secos. Es ahora cuando empiezo a notar la diferencia; conducto de ventilación aparte, las “gemelas” amortiguan más.

Sin contar las de la bici, me pongo a hacer cuentas: las que pienso jubilar, las “gemelas”, las de la bruja, las que compré porque no podía dejar pasar la “súper oferta” y, por último, las que en su día jubilé pero que me-dá-pena-tirar-porque-me-vienen-bien-para-ir-al-gimnasio. Total, cinco pares de zapatillas.

Procuro cuidarlas: si ha llovido, las relleno y envuelvo con papel de periódico y las coloco lejos del radiador; las guardo en su caja original con el gel de sílice (que ahora que lo pienso, no sé para qué viviendo en un lugar tan seco); pero, sobre todo, sólo las utilizo para correr… igual que hace Sofía.

Sofía fue contando las noches. Un día un furgón de correos atravesó el pueblo y dejó un paquete ante su puerta. La niña contuvo el aliento mientras lo desenvolvía:

—¡Unas deportivas! —gritó Sofía. Se las calzó con cuidado y dijo:

—Ahora mi deseo se hará realidad.

—¿Qué deseo? —preguntó la madre.

—Madre, quiero ir a la escuela.

—¡Pero si está a ocho kilómetros de aquí y por caminos horribles!

—Sí, pero ahora tengo unas deportivas -respondió Sofía saltando arriba y abajo.

Una sonrisa se dibujó lentamente en el rostro de la madre de Sofía. Se acordaba de la pequeña pizarra, del tamaño de una hoja de loto, que el padre de Sofía sacaba de vez en cuando. A la sombra del cocotero trazaba para Sofía unas marcas a las que llamaba palabras. “Éste de aquí es tu nombre y este otro el de nuestro pueblo”, le enseñaba.

—Puedes ir a la escuela —dijo la madre de Sofía.

Al día siguiente, antes de que el sol se levantara, Sofía comió un tazón de arroz y un poco de pescado salado. Luego echó a correr a través de los campos de arroz.

Las deportivas protegían sus pies de las afiladas rocas rojas. Navegaba por el aire del mismo modo que un pequeño guijarro plano salta sobre el agua…

Referencias:

  • Lipp, Frederick; Gaillard, Jason, Las zapatillas deportivas de Sofía (Running Shoes, 2006), trad. Alberto Jiménez, Barcelona, Intermon Oxfam, 1ª edición, 2007, ISBN: 978-84-8452-496-0.

7 comentarios

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  1. Por alguna extraña razón, indefectiblemente siempre acaba la zapatilla de mi pie izquierdo con un agujero ocasionado por el dedo gordo. Debo de hacer algún gesto involuntario con el dedo que hace que la zapatilla izquierda tenga un plus de ventilación. Lo empiezo a notar a los dos meses de habérmelas comprado, al principio es como que es una zona más desgastada, y luego acaba en agujero, si hay protección dura más pero se descose. No sé que hacer, las que tengo ahora están “nuevas” y ya cabe un agujero.

    Gonzalo

    Miércoles, 3 marzo 2010 at 3:32 pm

  2. Bonita presentación de la historia de Sofía🙂
    No está mal tu colección de zapatillas, jeje.

    Gonzalo: así empezó la historia de una uña que ahora está esperando a morir… En mi caso he concluido que tengo ese pie más largo que el otro y ahora con un número más voy mejor. Para mi que es cuestión del número de la zapatilla. un saludo.

    tecolinha

    Miércoles, 3 marzo 2010 at 7:05 pm

  3. ¿Cómo os las apañáis para hacer agujeros a las zapas? Pero la verdad es que cuesta deshacerse de ellas… con razón dicen: “Te quiero más que a unos zapatos viejos”

    Alfonso

    Miércoles, 3 marzo 2010 at 10:29 pm

  4. A ver si alguna gran marca se decide a invertir para sacar ya de una vez, a precio razonable, las zapatillas indesgastables, qué caray.

    Pablo

    Jueves, 4 marzo 2010 at 10:29 am

  5. El día 14 me las llevo a la CCC-VK para que me déis vuestro veredicto (te enviaré una foto, Gonzalo).😉

    Sofía sólo las utilizaba para correr a la escuela; el resto del tiempo iba descalza. Cuidaba sus zapatillas para así lograr su sueño.

    Commedia

    Viernes, 5 marzo 2010 at 1:30 am

  6. […] correr.  No es que piense comprarme unas (bueno, al menos en breve), pero después de leer los comentarios a un apunte anterior, revisé los consejos de Bob Glover sobre “cómo elegir tus zapatillas”. De vez en cuando es […]

  7. […] te obligan a jugar hasta el final, una y otra vez. Después de todo yo podía elegir (no como Sofía). Pero la cosa no era […]

    Ropa Limpia « Corre con el Cuento

    Martes, 9 noviembre 2010 at 12:54 pm


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