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Los buscadores de tesoros

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Vista del Salón de Pinos desde la puerta de una revista del Corredor (y su Mundo) - Foto: Commedia, 2009

En este enlace, un nuevo paso para descubrir el tesoro.

De entre los que llevé a mi albergue de los expurgados, éste es uno de mis favoritos. Su autora, Edith Nesbit, debió ser una mujer sorprendente.

Para horror de sus vecinos, E. era una mujer avant-garde. Andaba en un aparato novedoso —la bicicleta—, recibía jóvenes admiradores en su casa, se vestía sin corset, con ropas supuestamente para hombres, se cortó el pelo corto, y fue una de las primeras mujeres que fumó en público —murió en 1924 de cáncer de pulmón—. Encima, dejaba a sus chicos correr descalzos y sin guantes.

El libro narra las aventuras de un grupo de hermanos que, perdida la fortuna de su padre, se proponen ayudarle haciendo algo que muchos hemos soñado: buscando tesoros.

Selecciono un pasaje que habla de ladrones y, por supueto, de piratas.

El ladrón comió unas castañas… y nosotros seguíamos sentados pensando en cuándo volvería mi padre a casa y qué diría de nuestro intrépido comportamiento. Dicky cogió las herramientas del suelo, y de repente exclamó:

—¡Pero si es el destornillador de nuestro padre, y la barrena, y todo! ¡Pues me parece a mí bonita frescura abrir las cerraduras de una persona con sus propias herramientas!

—Así es, así es —dijo el ladrón—. ¡Es una frescura de las mayores! Pero ya veis cómo he caído. En tiempos fui salteador de caminos, pero los caballos son tan caros de alquilar…, cinco chelines la hora, por si no lo sabéis, y no me podía permitir el lujo de tener uno propio. El negocio de los salteadores no es lo que era.

—¿Y una bicicleta? —preguntó H. O.

Pero el ladrón pensaba que las bicicletas no eran apropiadas… y además no se puede ir con ellas a través del campo cuando se presenta la ocasión, como con un corcel de confianza. Y hablaba de los salteadores de camino como si supiera cuánto nos gustaba oírlo.

Luego nos contó cómo había sido capitán de piratas, y cómo había navegado sobre olas tan altas como montañas y ganado ricas presas, y cómo había comenzado a pensar que aquélla era una profesión que le gustaba.

—No digo que no haya altibajos -explicó-, sobre todo en las tempestades. Pero ¡qué oficio! Una espada al costado, la calavera y las tibias ondeando en lo alto y una presa a la vista. ¡Todas las bocas de los cañones apuntadas sobre el abarrotado mercante… El viento a favor y la fiel tripulación dispuesta a vivir y morir por uno! ¡Oh…, eso sí que es la gran vida!

Sentí pena por él. Empleaba palabras finas y tenía voz de caballero.

—Estoy segura de que no le educaron para ser pirata —dijo Dora. Se había vestido totalmente. Y había hecho que Noël también se vistiera, pero los demás estábamos tapados con mantas, con sólo unas cosas desparejadas puestas por debajo de cualquier forma.
El ladrón frunció el ceño y suspiró.

—No —dijo—. Me educaron muy bien. Estuve en el colegio de Balliol de la universidad de Oxford, queridos míos, eso sí que es verdad.
Suspiró de nuevo y miró fijo al fuego.

—Ése era el colegio de mi padre… —comenzó H. O., pero Dicky le interrumpió:

—¿Por qué dejó de ser pirata?

—¿Pirata? —preguntó, como ni no estuviera pensando en semejante cosa—. Ah, si; bueno, pues lo dejé porque…, porque no pude dominar mis terribles mareos.

—Nelson se mareaba —dijo Oswald.

—¡Ah! —exclamó el ladrón—. Pero yo no tenía su suerte o su valor, o lo que sea. Él siguió firme y ganó la batalla de Trafalgar, ¿no es así? «Bésame, Hardy» [fue una de las últimas frases que pronunció antes de morir] y todo eso, ¿eh? Yo no pude seguir firme… Tuve que dimitir. Y nadie me besó a mí.

Referencias:

  • Nesbit, Edith; Meléndez, Francisco (il.), Los buscadores de tesoros (The Treasure Seekers, 1899), trad. Juan M. San Miguel, Madrid, SM, col. El barco de vapor, 2ª edición, 1988, ISBN: 84-348-2294-6.

Los buscadores de tesoros es también una obra de Washington Irving que puede leerse en éste enlace.

Written by Commedia

Lunes, 17 mayo 2010 a 9:00 am

3 comentarios

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  1. […] de fotos y el tripode a cuestas, con mis nuevas gafas de sol polarizadas y en chanclas parecía un buscador de tesoros posmoderno, los de antes además de parches en los ojos, ganchos en los muñones y un loro al […]

  2. Y quién no ha soñado alguna vez con buscar un tesoro. Desde luego sois unos grandes capitanes piratas. “El viento a favor y la fiel tripulación dispuesta a vivir y morir por uno. ¡Oh…, eso sí que es la gran vida!” Levantemos la copa de ron y brindemos por el caos. Y por los piratas.

    Miguel

    Martes, 18 mayo 2010 at 9:53 am

  3. ¡Por el caos! aunque tú espérate al día de la carrera para darnos la enhorabuena… o corrernos a gorrazos.😀

    Commedia

    Lunes, 24 mayo 2010 at 2:01 pm


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