Corre con el Cuento

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La Historia de Erika

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Creo que soy un poco complicado y no me queda otro remedio que esperar que en el mundo haya muchas otras personas complicadas.

—Roberto Innocenti

Con La historia de Erika me pasó como con Rosa Blanca. Se me hacía extraño —no cuadraba— encontrar libros así en la sección infantil de una librería.

Nací en 1944.
No sé la fecha exacta de mi nacimiento.
No sé qué nombre me pusieron.
No sé en qué ciudad o en qué país vine al mundo.
Tampoco sé si tuve hermanos.
Lo que sé con certeza, es que cuando apenas tenía unos meses me salvé del Holocausto.

Las imágenes de la cubierta y contraportada es lo primero que llama la atención. Son dibujos en blanco y negro de una estación de tren, donde una muchedumbre —hombres, mujeres, y niños—, cargada con maletas y hatillos, hacen cola para subir a un tren; mientras, un grupo de soldados armados les vigilan. Se ve el carrito de un bebé, abandonado junto a la entrada del vagón de mercancías al que están subiendo. A ninguno de los personajes podemos verle el rostro,  se encuentran de espaldas, o tapados por la valla de una alambrada en la que hay escrita una advertencia: verboten (prohibido). La cubierta del libro está troquelada; una leve presión, y se separa del libro, dejando la silueta de una estrella amarilla.

El cuento comienza con una ilustración de vivos colores, dejando luego paso a varias ilustraciones en blanco y negro crudo, con ligeros tonos sepia. En un par de ocasiones, una pequeña mancha de color destaca entre el tono monocromo —es una señal, no hay duda—, y termina con la imagen a todo color de una niña, de espaldas —a ningún personaje del cuento podemos verle la cara—, contemplando el paso de un tren de mercancías en un ventoso y nublado, pero luminoso, día de otoño.

No tenía claro de que los chavales entendieran estos cuentos —aún son pequeños—; fueron ellos los que me hicieron dejar de dudar. Aunque no queramos reconocerlo, la violencia forma parte de nuestra naturaleza. Entonces ¿por qué ocultarla? La historia de Erika no lo hace, se encarga de denunciarla, mostrándonos su lado más cruel, a la vez que nos envía un mensaje de esperanza.

Referencias:

  • Vander Zee, Ruth y Roberto Innocenti (il.), La historia de Erika [Erika’s Story, 2003], trad. Pilar Martínez y Xosé M. González, Pontevedra, Kalandraka, 2ª edición, 2007, ISBN: 978-84-8464-521-4.

Written by Commedia

Lunes, 28 febrero 2011 a 9:48 pm

3 comentarios

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  1. Tiene muy buena pinta esta “Historia de Erika”. Gracias por el descubrimiento.

    Saludos Coommedia

    Jaal

    Martes, 1 marzo 2011 at 12:19 pm

  2. Como decías en la anterior entrada, son cuentos “no para dormir a los niños. Para despretarlos, quizá”.

    Y a través de los cuentos, al final van conociendo un poco más el mundo que los rodea.

    Un saludo!

    Miguel

    Martes, 1 marzo 2011 at 12:51 pm

  3. Búscala en la biblio o en una librería, Jaal. Ya verás cómo te sorprende.

    Estoy de acuerdo, Miguel, pero la entrada anterior no es mía, la escribió Ana*.😉

    Commedia

    Martes, 1 marzo 2011 at 5:23 pm


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