Corre con el Cuento

Cosas del Correr y de Cuentos

Ganar

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Ganar no significa terminar en primera posición. No significa batir a los demás. Ganar es vencerse a uno mismo. Vencer a nuestro cuerpo, nuestro límites y nuestros temores. Ganar significa superarse a uno mismo y convertir los sueños en realidad. En muchas carreras he terminado en primera posición pero no me he sentido ganador. Al cruzar la meta no he llorado, no he saltado de alegría y mis emociones no han sido una tormenta desbocada. Simplemente tenía que ganar la carrera, terminar por delante de los demás y, antes y durante la carrera, sabía, tenía la seguridad, que llegaría el primero. Sabía que no era un sueño, en ningún momento mi mente llegó a plantearse qué sería el no vencer. Era fácil, como un cocinero que abre su restaurante por la mañana y sabe exactamente cómo le va a quedar el bistec. No hay ningún reto, ningún sueño del que despertarse al final. Y eso, por lo menos para mí, no es ganar. Al contrario, he visto a grandes ganadores, a personas que se han vencido a sí mismas y que han cruzado la línea de llegada llorando, sin fuerzas, pero no por el agotamiento físico, que también, sino sobre todo por haber logrado terminar aquello que ellos sabían que en el fondo solo era fruto de sus sueños. He visto a gente sentarse al cruzar la meta de la UTMB y permanecer en esta posición durante horas con la mirada perdida, con la mayor de las sonrisas en sus adentros, sin creerse todavía que lo que acaban de lograr no forma parte de un engaño de la mente. Sabiendo que al despertarse podrían decirse que sí, que lo lograron, que vencieron todos sus miedos y que descendieron de los sueños para convertirlos en realidad. He visto personas que, pese a llegar cuando los primeros ya se habían duchado, habían almorzado y quizás habían tenido tiempo de echarse una buena siesta, se sienten vencedores, y no cambiarían lo que sienten por nada que les pudieran ofrecer. Y los envidio, porque en el fondo ¿no corremos para eso? ¿Para saber que nosotros somos capaces de vencer nuestros miedos y que la cinta que cortamos al cruzar la meta no está sujetada por azafatas sino que está situada allá donde nuestros sueños quieren? ¿La victoria no consiste en ser capaces de poner nuestro cuerpo y nuestra mente al límite para descubrir que estos límites nos han llevado a descubrir nuevos límites? ¿Y empujar poco a poco nuestros sueños?

Referencias:

  • Jornet Burgada, Kilian, Correr o Morir [Córrer o Morir, 2011], trad. Joan Lluís Quilis, Badalona, Ara Llibres, 2ª ed., 2011, ISBN: 978-84-937869-8-4.

Written by Commedia

Viernes, 28 octubre 2011 a 11:27 am

Publicado en Correr et al.

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11 comentarios

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  1. Al final nos ponemos excusas para ganar siempre. Que si batí mi récord personal, que si tengo mi mejor marca de este circuito, que si le gané a fulanito y estoy contento, que si el circuito era muy duro pero estoy contento…ganamos siempre.

    Gonzalo Quintana

    Viernes, 28 octubre 2011 at 12:53 pm

  2. Que buen texto.

    No puedo estar más acuerdo. Ganar es conseguir nuestros sueños. Justo de eso hablaba esta misma mañana con mi amigo Javi(compañero de Itaca). Bastantes enemigos son ya nuestros miedos, como para buscar más fuera.

    Y es que, ¿acaso no vivimos para soñar? ¿acaso no soñamos para vivir?

    Miguel

    Viernes, 28 octubre 2011 at 1:54 pm

  3. Vale, todo eso está muy bien, pero yo sólo corro para estar en forma y que me de el aire😉
    Alfonso

    Alfonso

    Sábado, 29 octubre 2011 at 12:24 am

  4. Qué coordinación! Hace una semana me regalaron el libro, y por fin tras acabar “El nombre del Viento”, ayer me puse con este “Correr o Morir”.

    Al pasar por esa página, la leí, la releí y la saboreé despacio. Podrá no ser literatura inmortal, pero para los que hemos corrido más allá de lo que algunos llaman “deporte-salud” buscando nuestros límites, es una perla.

    Para mí, la idea que expresa esa penúltima frase es la que da sentido a todo: “Ganar es descubrir mi propio límite para alcanzarlo, superarlo y fijarme nuevos límites”
    Superación personal. Nada más, nada menos.

    mayayo

    Sábado, 29 octubre 2011 at 9:32 am

  5. Lo bueno es que, en este mundillo, hay lugar para todos…

    En realidad, a ella no le importaba lo que hiciera en las carreras. No había venido nunca a ver ninguna, a pesar de que me veía todos los días entrenarme y muchas veces también salía a correr. Sabía que, para mí, la competición era una fuente de motivación y, pese a no compartirlo, lo comprendía. Yo siempre la espoleaba para que viniera conmigo a correr una carrera, pero ella me decía que no necesitaba tener un dorsal cosido al pecho y saber que ninguna de las 3.000 personas de la salida era capaz de llegar por delante de ella para disfrutar día a día de los placeres del esfuerzo y la naturaleza.
    Quizás esta fue la razón por la que me enamoré de ella.

    ¿Tengo que decir que el libro me gusta? Pero no me gusta nada la traducción.

    El mismo día, mayayo se hacía eco del último vídeo de la Kilian’s Quest… para descubrir que la Búsqueda ya no era la de Kilian.

    Commedia

    Lunes, 31 octubre 2011 at 9:12 pm

  6. Muy bueno, sí señor.

    Salu2
    G

    Guillermo

    Viernes, 4 noviembre 2011 at 4:39 pm

  7. El segundo vídeo, de los recién publicados por Salomon, para mostrar que este chaval también está hecho de carne y hueso.

    Y es que las emociones que encierra ganar también pueden sentirse fuera de la competición.

    Commedia

    Sábado, 5 noviembre 2011 at 9:44 am

  8. No he leído buena crítica del libro, lo mismo es que la envidia no es sana, pero el texto que has escogido – en realidad los dos textos que has escogido – me han gustado mucho; estoy con Mayayo en su exposición.

    Santi Palillo

    Sábado, 5 noviembre 2011 at 5:13 pm

  9. No hay dos sin tres. Es un poco larga, pero creo resume bien el mensaje principal sobre el que gira todo el libro, la búsqueda que, de algún modo, todos compartimos.

    «Necesitaba que alguien más valorara lo que había hecho. Necesitaba que me dijeran que la excursión que acababa de realizar era increíble. Que me felicitaran por la carrera que acababa de ganar. Solamente necesitaba un gesto, una mirada de aprobación, para satisfacerme a mí mismo y poder seguir entrenándome motivado el día siguiente. Necesitaba que la gente que me quería se sintiera orgullosa y partícipe de mis buenos resultados, que los amigos y conocidos supieran y recordaran lo que hacía para poder sentirme seguro de mí mismo, para crear un yo sólido donde situarme. Necesitaba, en definitiva, crear un pasado para saber dónde venía y poder seguir mis pasos hacia delante.

    Alba no necesitaba eso. Era capaz de sentirse segura y completa únicamente con la emoción que vivía en el momento, y olvidarla cuando su cuerpo ya no la sentía y, entonces, buscar otra. Y con esto no quiero decir que fuera desordenada y llevara una vida sin rumbo. Al contrario, era capaz de trazar su rumbo sin tener que crear un pasado para ella y para los demás. Y si por un lado la admiraba, admiraba su fortaleza anterior, por el otro me hacía sentir inferior. Yo no era capaz de hacerlo, por más que lo intentara, yo sentía la necesidad de comunicar lo que había hecho, visto o sentido. Por eso, para enfadarla, le decía que era egoísta, que ella era capaz de ver y sentir cosas increíbles y que no se lo podía guardar para ella misma, que tenía que compartirlo con las demás personas.

    –¿Por qué? –me preguntaba–. ¿Qué finalidad tiene explicar cosas que los demás no ha podido ver, que posiblemente nunca verán, sentir cosas que los demás no han sentido? ¿Para sentirte superior a ellos? ¿Para saber que tienes algo más? ¿Que tu experiencia es mejor?

    Yo le decía que era exactamente lo contrario, que así las personas seguían buscando para verlo ellas y sentirlo en su piel. Pero la discusión era el cuento de nunca acabar.

    Ahora hace tiempo que no la veo. […] recuerdo su último comentario antes de cerrar la puerta: «¿Dónde están los pósters de Dahelie y Brosse? ¿Dónde has dejado aquellos mitos? ¿Cuándo has cambiado tus ídolos?». […] En el momento que superas a los que idolatrabas y tú te conviertes en su propio ídolo, termina la magia del deporte. Los referentes sirven para marcar un camino, para saber que debes luchar y trabajar para poder conseguir lo que han conseguido ellos. Y cuando ya lo has logrado, cuando solo existe una persona a quien superar y en quien reflejarte, y esa persona eres tú, significa que no has entendido nada. La partida de Alba me hizo pensar en lo que significaba yo para mí mismo. Si la persona a imitar era yo mismo, no tenía margen de progreso, estaba estancado y no podía mirar con humildad a todos aquellos a quienes mi ídolo superaba.

    Alba desapareció de mi vida, pero al irse comprendí que las victorias están donde las pone cada uno y que, por muchas victorias que consigas, solo serán válidas para ti y, fuera de este dominio, seguramente serás un perdedor. […] Y esto […] me dio fuerzas para encontrar nuevos ídolos: los que están dentro de cada persona. Y me motivó para buscar la fuerza de los que me rodeaban, porque no es más fuerte quien llega primero, sino quien disfruta más de lo que hace.

    Conseguí alcanzar el estado de placer que tanto admiraba de Alba, pero contradictoriamente no llegué a él exprimiendo los momentos que pasamos el uno con el otro, sino profundizando en la forma de ser de las personas que conocía y que me descubrían nuevos caminos que explorar.»

    Santi, con esas gafas parece que me vayas a vender el cupón del once, del once, de la once.😀

    Commedia

    Lunes, 7 noviembre 2011 at 12:44 pm

  10. […] el circuito más espeso que el chocolate. Correr se convirtió en una odisea. ¿Alguien pensaba en ganar? Foto: […]

    Resistir « Corre con el Cuento

    Viernes, 2 diciembre 2011 at 3:57 pm


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