Corre con el Cuento

Cosas del Correr y de Cuentos

Corriendo con los Keniatas

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Cada poco Toby señala alguna casa, menciona el nombre del atleta que vive en ella y me cuenta los tiempos increíbles que ha hecho cada uno, o las medallas que ha ganado en distintos campeonatos. También tiene historias personales sobre alguna escapada loca que protagonizó con cada uno de ellos.

Le pregunto por qué a la gente de aquí se le da también corre. ¿Puede ser porque corren descalzos?

—No corren descalzos —me corrige—. Los niños, sí. Pero no son rápidos por eso.

No le presiono. No esperaba que la teoría del correr descalzo tuviera una mayoría de defensores, ni siquiera aquí. Le pregunto qué es, entonces, lo que los hace tan rápidos en su opinión.

—No es una sola cosa —dice—. Conocerás a un montón de personas. Obtendrás un montón de respuestas. Y tal vez todas sean ciertas.

Mientras vamos corriendo se nos unen algunos chiquillos. Algunos nos saludan: «¿Qué tal?» pero parece que la mayor parte corre sin fijarse en nosotros. una de las teorías que suelen ofrecerse para explicar que los keniatas sean tan buenos corriendo, a menudo por parate de los propios atletas, es el hecho de que van al colegio corriendo todos los días.

—¿Ya tienen la esperanza de convertirse en atletas? —pregunto a Toby, dando por hecho que conoce la respuesta—. ¿Corren por eso?

—No —contesta—. Corren porque si llegan tarde les pegan con una vara.

Pese a que el castigo físico se prohibió en las escuelas de Kenia en 2001, más adelante muchos keniatas me confirman que Toby tiene razón. Pocas semanas después, los diarios nacionales traen una historia sobre una de las corredoras júnior más brillantes del país, Faith Kipyiegon, que ha recibido tal paliza de su profesor que no puede entrenar por culpa de las lesiones. Según la información del periódico, es un mal momento porque se acerca el campeonato mundial de cross. La falta de indignación del artículo es llamativa.

Desde luego, las palizas en las escuelas no pueden ser el secreto que se esconde detrás de los éxitos atléticos de Kenia, ¿no? No seriá un secreto tan romántico como el de correr descalzos. Luego Godfrey me contará que de joven hacía corriendo cada día el trayecto de seis kilómetros hasta el colegio porque así se sentía mejor. «Me di cuenta de que me sentía mejor con mi cuerpo durante el resto del día —me dice—. Me podía concentrar mucho mejor. Cuando no corría, me sentía cansado y aletargado todo el día.»

A lo mejor sólo se sentía más despierto porque al ir corriendo al colegio podía dormir más, pero es interesante oírle hablar de los bien que se sentía al correr. Esa sensación de bienestar es lo que saca a la gente a correr a la calle en Occidente, más que la necesidad, pero me pregunto cuántos corredores de Kenia se paran siquiera a pensar en cómo se sienten.

Godfrey me reconoce que soy la primera persona a quien se lo cuenta. De hecho, dice, solo se ha dado cuenta ahora, al decírmelo. Estamos sentados en el café barato del hotel Hill Side de Iten y Godfrey tiene cara de entusiasmo, como si se acabara de dar cuenta de algo profundo. No sé si será por casualidad, pero ese mismo día, un poco más tarde, me dice que quiere correr el maratón de Lewa conmigo. Lleva años sin entrenar, pero de repente parece lleno de las alegrías que el correr propicia. Quiere ser mi colega de entrenamiento y no para de darme las gracias, como si yo hubiera hecho algo más que escucharle y asentir.

Referencias:

  • Finn, Adharanand, Correr con los Keniatas. Una búsqueda épica y personal para descubrir los extraordinarios secretos de los mejores corredores del mundo. [Running with the Kenyans. Passion, Adventure, and the Secrets of the Fastest People on Earth, 2012], Barcelona: Ediciones B, 1ª edición, 2013.

Written by Commedia

Martes, 2 julio 2013 a 4:41 pm

Publicado en Correr et al.

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3 comentarios

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  1. Este lo leí en libro electrónico y me gustó.

    gonzaloquintana

    Martes, 2 julio 2013 at 7:19 pm

  2. Yo estaba dudando en hacerme con él ¿merece la pena? el fragmento tiene muy buena pinta

    Alex

    Miércoles, 3 julio 2013 at 12:18 pm

  3. ¿Que si merece la pena?

    Aunque un tanto monótono, el libro está, en general, bien escrito. Su autor es un periodista que aprovecha una oportunidad para arrastrar a su familia (mujer y tres hijos) a pasar unos meses en el valle del Rift intentando descubrir los «secretos» de los corredores keniatas.

    Pero su búsqueda no tiene nada de «épica», como dice el subtítulo castellano. Se trata más bien de un diario personal, en su búsqueda particular por bajar de las 3 horas en la maratón. Un diario que, a buen seguro, tendría medio apalabrado publicar antes de salir de Inglaterra, y en el que, desde la posición de omnipotente narrador, evalúa las acciones de los diferentes personajes sobre la base de su propia moral —occidental—.

    Los «secretos» que «descubre» se resumen en que los corredores keniatas tienen una infancia dura y activa, durante la que corren descalzos para ir al colegio, entrenan en altitud y en grupos —viviendo algunos en campamentos espartanos—, tienen una dieta rica en carbohidratos y baja en grasas, descansan todo lo que pueden cuando no corren, y son tan pobres que eso les espolea para entrenar duro y soportarlo todo en carrera. No estoy seguro de que fuera necesario ir a Kenia para llegar a estas conclusiones y, al tiempo, se echa en falta la oportunidad desaprovechada para tener un buen retrato, de primera mano, sobre los corredores y la sociedad kalenjin.

    Mención aparte merece la traducción. Pongo solo un ejemplo: «cheetah» no debería traducirse como «chita» [pág. 259] sino como «guepardo». La edición castellana, además, suprime inexplicablemente los títulos de los capítulos y las fotografías del original inglés. A cambio, introduce cada capítulo con citas, sacadas del propio libro o de otros, que a veces encajan de manera forzada.

    Aún así, el libro es muy interesante porque expone, al modo en que lo hacían los libros de viajes del XIX, los prejuicios sobre el otro —la sociedad kalenjin, en este caso— que tenemos los «occidentales».

    En fin, es mi opinión, pero aquí tienes a Gonzalo que también lo ha leído y puede darte la suya más allá de un lacónico “me gustó”😉

    Commedia

    Sábado, 6 julio 2013 at 3:34 pm


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