Corre con el Cuento

Cosas del Correr y de Cuentos

Emilio y Sofía

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[…] le hablo a Emilio de sus antiguos carreras. Quieren saber de qué carreras se trata; yo le explico y se ríen; le preguntan si todavía sabe correr; mejor que nunca, responde; sentiría mucho haberlo olvidado. Alguien de la reunión gustaría verle correr y no se atreve a decirlo; otro se encarga de hacer la propuesta; él acepta: se reúne a todos otros jóvenes de los alrededores; se fija un premio, y, para imitar mejor los viejos juegos, se pone un pastelillo en la meta. Cuando todos están preparados, el padre da la señal con una palmada. El ágil Emilio hiende el aire y llega al final de la carrera cuando apenas mis tres palurdos han partido. Emilio recibe el premio de manos de Sofía y, no menos generoso que Eneas, hace regalos a todos los vencidos.

En medio del esplendor del triunfo, Sofía osa desafiar al vencedor y se jacta de correr tan bien como él. Él no se niega a entrar en liza con ella y, mientras ella se prepara en la salida de la carrera, mientras se remanga el vestido por los dos lados y, más preocupada de mostrar una fina pierna a ojos de Emilio que de vencerle en ese combate, mira si sus faldas son bastante cortas, dice unas palabras al oído de la madre, ésta sonríe y hacer la señal de aprobación. Él va entonces a colocarse al lado de su competidor y, apenas se da la señal, la vemos a ella partir y volar como un pájaro.

Las mujeres no están hechas para correr: cuando huyen es para ser alcanzadas. La carrera no es lo único que hacen con torpeza, pero sí lo único que hacen con poca gracia: sus codos hacia atrás y pegados contra el cuerpo les dan una actitud risible, y los altos tacones sobre los que están encaramadas les hacen parecer langostas que querrían correr sin saltar.

Emilio, que no imagina que Sofía pueda correr mejor que cualquier otra mujer, no se digna moverse de su sitio y la ve partir con sonrisa burlona. Pero Sofía es ligera y lleva tacones bajos; no necesita artificio alguno para aparentar que tiene el pie pequeño; toma la delantera con tal rapidez que, para alcanzar a esta nueva Atalanta, él sólo tiene el tiempo justo cuando la ve de lejos, muy por delante. Parte, pues, a su vez, semejante al águila que se abate sobre su presa; la persigue, le pisa los talones, la alcanza al fin todo sofocada, pasa suavemente el brazo izquierdo por su talle, la alza como una pluma y, estrechando contra su corazón esa dulce carga, acaba la carrera, le hace tocar la primera la meta y gritando luego: ¡ Sofía ganado!, pone ante ella una rodilla en tierra y se reconoce vencido.

Referencias:

  • Rousseau, Jean-Jacques ([1762] 2011) Emilio o De la educación (trad. Mauro Armiño). Madrid: Alianza Editorial. ISBN: 978-84-206-6446-0.

Written by Commedia

Viernes, 17 octubre 2014 a 2:57 pm

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