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Efectos mariposa

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A las ciencias sociales no les gusta mojarse mucho con las realidades complejas, con las prácticas de lo cotidiano que no siguen sus pretendidas leyes. […]

La realidad no es tanto como un desfile, sino como una fiesta a la que ademas siempre se llega tarde. Cuando llegamos a una celebración, y ya está comenzada, todo nos puede parecer un poco caótico, y necesitamos ir metiéndonos por algún lado hasta situarnos en el ambiente. ara los que ya están dentro de la fiesta no es tanto caos, sino que la complejidad ya la tienen asumida y están con sus estrategia en el grupo en el que se mueven. Diferente del desfile donde el que mira desde fuera lo ve todo claro, y el que está dentro apenas percibe la cabeza del de delante y los movimientos del de al lado. En la fiesta, el que ya está implicado tiene sus posiciones e interpreta desde su ángulo y su grupo de referencia, y el que viene de fuera ha de construir aún su estrategia de acercamiento, interpretación y acción. Pero no puede parar la fiesta para contar cuánta gente hay, qué tipos de grupos, etc. Pues si hiciese algo de esto (como un coleccionista de mariposas) mataría la espontaneidad y las relaciones fluidas tal como se están dando en el proceso por sí mismo. Imaginemos que se trata de un baile de disfraces (por ejemplo, con vestidos de mariposas), donde el contar el número de las que hay y los tipos que se ven a primera vista puede ser interesante, pero no nos da el carácter de la fiesta (o del aburrimiento) ni las relaciones complejas entre quienes allí están.

Se pueden hacer otras cosas en las fiestas que dan mejores resultados. Por un lado, se podría seguir a un grupo o a unas parejas para ver cómo es su comportamiento, incluso hacer alguna conversación aparte, y/o grabar las evoluciones de este caso escogido, para profundizar en los comportamientos, las motivaciones, que puedan ir mostrando. Estos “estudios de caso” darían más información de una parte de los disfrazados, pero el conjunto quedaría sólo con los datos cuantitativos. Y el saber interpretarlo (tanto lo “cuanti” como lo “cuali”) quedaría en manos del observador que llega tarde. Otra forma, que suelen llamar participativa, es ponerse un disfraz de mariposa y “mariposear” entre los grupos para, “desde dentro”, entender cómo está la fiesta y, con los demás, tratar de divertirse o de hacer lo que les parezca más conveniente. En este caso se pierde el distanciamiento del que viene de fuera, pero también se puede perder la perspectiva crítica al pasar a ser uno más de la fiesta. La fiesta de disfraces de mariposas, como cualquier proceso complejo, necesita de algún elemento semi-externo (poner la música, atender las bebidas, etc.) para ser más creativas y divertida. Si todos y todas se limitan a disfrazarse y a ir a su aire, puede que a la larga se establezca algún proceso interesante, pero previamente puede haber conflictos por el tipo de música o por otros temas no previstos, incluidos los sectarismos entre grupos. No conviene idealizar lo participativo.

Así que en nuestras redes de implicación social pensamos que hay que saber estar en estas situaciones, de la sociedad compleja, para que desde el caos se puedan ir autoorganizando procesos para multiplicar los posibles “efectos mariposa”. Está bien hacer “derivas” y perderse en la fiesta, cruzar espacios y disfrutar […] pero con esto aún no llegamos a los “efectos mariposa”, donde la fiesta se desborda en acontecimientos más creativos y más operativos. Los efectos mariposa nos indican que pequeñas variaciones en las condiciones iniciales de un proceso pueden construir grandes transformaciones en los resultados obtenidos. ¿Las ciencias sociales se plantean interpretar sedentariamente lo que creen que está pasando?, ¿o bien se plantean implicarse en procesos para ser operativas en algún grado y, dede los cambios, monitorear con la gente adónde quiere ir? Si en la fiesta de disfraces comprobamos qué músicas, qué juegos, qué ingredientes de comer o beber son los que van dando mejor resultado, seguramente se podrá ir potenciando el buen ambiente y la gente se lo pasará mejor. Hay algo de provocación negociada con los que manejar estos ingredientes para que la fiesta coja su tono y vaya marcando por sí misma (gritos, risas, juegos, etc.) su propio camino. Desde luego el efecto mariposa [movimientos transformadores, en parte, de una realidad concreta] nunca depende de tal o cual variación preconcebida, sino de la conjunción no prevista de ingredientes que se puedan dar en un momento. Pero si ni siquiera existen los ingredientes mínimos, es muy difícil que la fiesta pueda funcionar a pleno rendimiento.

Referencias:

Villasante, Tomás R. 2006. Desbordes creativos. Estilos y estrategias para la transformación social. Madrid: Los libros de la catarata.

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