Corre con el Cuento

Cosas del Correr y de Cuentos

El sentido del límite y el límite del sentido

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Son muchas las referencias que se tienen sobre la carrera de larga distancia en la historia de las culturas, y de todas ellas el pedestrismo griego figura en primera línea. En la 113 Olimpiada de la antigüedad, se dice de Agón de arco Argos, después de haber vencido en la carrera de larga distancia, en el mismo día se volvió corriendo a su ciudad, situada a unos 100 km., para dar la noticia. Tambien Drymos, acto seguido de su victoria olímpica, ha recorrido más de 140 km. hasta su lugar de residencia. Euchidas de Platea, tras la derrota de los persas, recorrió en un solo día los 190 km. de ida y vuelta a Delfos, para renovar el fuego del altar de Apolo, profanado por los persas. En el 490 a.C. quedó inmortalizada la carrera que un correo griego hizo desde maratón hasta Atenas cubriendo la distancia de 42 km. para dar la noticia de la victoria obtenida sobre los persas; según cuenta la leyenda el corredor murió agotado tras cumplir el encargo.

En otro contexto espacial y temporal, las carreras de relevos de los «chasquis» (correos incas) hacían posible que las noticias entre Quito y Cuzco (separados unos 1600 km.) llegarán en 8 días. Los hotentotes y los bosquimanos en África del Sur han sido caracterizados como potentes corredores que practican la caza de persecución para capturar animales a la carrera. Los seri del Golfo de California o los huicholes de la meseta mexicana también se citan como potentes marchadores y corredores, capaces de cazar a la carrera liebres y ciervos. Los guaraníes sudamericanos cazaban a la carrera al ñandú y entre los aborígenes australianos se habla de hombres que han capturado canguros con las manos, corriendo tras ellos. Los sioux y otras tribus norteamericanas de las grandes praderas organizaban reuniones intertribales para competir corriendo. Los navajos de Nuevo México organizaban largas carreras para propiciar la lluvia y prosperidad de las plantas. Karl Lumholtz descubrió a los rarámuri de finales del siglo XIX como los corredores más resistentes del mundo. Cuenta de un hombre que en 5 días recorrió 600 millas (960 km.) para llevar un mensaje desde Guazapares hasta Chihuahua. De otro modo cuenta también que capturaban a la carrera a caballos montaraces (salvajes), y perseguían a un venado durante varios días hasta capturarlo y darle muerte.

Dentro del contexto europeo y como precedente de las modernas carreras de competición tenemos las carreras pedestres inglesas realizadas entre algunos sirvientes en la distracción llamados «footmen», quienes en el siglo XVI corrían al lado o delante de los carruajes para evitar que se ladearan peligrosamente y para guiar a las caballerías por entre los malos tramos del camino. Más tarde, en el último cuarto del siglo XIX tomaron auge las carreras de largo recorrido, animadas por la competencia entre los corredores profesionales de Inglaterra y EE.UU., O’Leary, en 1876, ganó una carrera de seis días recorriendo 836 km, distancia que se fue superando año tras año para que en 1888 Littlewood pusiera recorrer 1003 km con un promedio de 167 km por día, a una velocidad media de 7,6 km por hora (al descansar un total de 15 horas y 19 minutos). Weston, en 1909 y con 71 años de edad, recorrió en 105 días el trayecto de 6.270 kilómetros, durante su dedicación a la carrera de competición recorrió unos 136.800 km.

Correr grandes distancias no es nada nuevo, pero, ¿por qué todo esto? El deseo o el afán por superar algún «límite» ha sido y es una constante en la historia humana. La participación en carreras de largo recorrido, bien sea para ganar, para rebajar tiempo, o simplemente para llegar, de acuerdo a la capacidad física y mental de cada uno, es un reto para muchos; reto que supone probarse a sí mismo y compararse con los demás con la intención de ser mejor. Pero, además de ello, las carreras ultralargas se han convertido dentro de la sociedad moderna avanzada en un recurso para crear vínculos de identidad, espacios de interacción que compensan la falta de compartición, de encuentro y comunicación social existente en la vida diaria. Participar en carreras que exigen una gran resistencia física, es utilizado por no pocas personas como una manera inconsciente de adscribirse a un grupo de iguales que comparten las sensaciones de haberlo logrado, de haber demostrado autenticidad a través del sacrificio corporal. Los motivos y los sentidos que se desprende de las carreras ultra largas son, sin embargo, diversos al comparar sociedades con modelos culturales distintos.

Referencias:

  • Acuña Delgado, Ángel. 2003. «El sentido del límite y el límite del sentido: 101 kilómetros en 24 horas.» En Culturas en juego. Ensayos de antropología del deporte en España, editado por F. Xavier Medina y Ricardo Sánchez, 275-295. Barcelona: Icaria e Institut Català d’Antropologia.

[elimino las referencias bibliográficas del texto original.]

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Miércoles, 29 junio 2016 at 7:24 am

Un defecto peculiar

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Nosotros los humanos modernos somos unos primates, e incluso podemos decir unos humanos, extraordinariamente sociales, que estamos muy atentos, de forma permanente, a las señales que nos llegan desde los otros humnaos, y que nos ayudan a leer sus mentes y predecir sus actos. Para ser más eficaces reaccionamos con prontitud ante estímulos muy simples y aislados. Escrutamos con tanta intensidad la cara de nuestros congéneres que apreciamos en ella hasta el más leve signo de cambio. La vida social es una gran partida de mus. Leer el resto de esta entrada »

Bullfighting

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No deja de sorprenderme encontrar una entrada para la tauromaquia (bullfighting) en una enciclopedia dedicada a los deportes. Quizá sea por el hecho mismo de que la palabra “deporte” encierra tantas y tan diversas interpretaciones, que no nos resulta sencillo ponernos de acuerdo cuando la empleamos.

Pero me llama más la atención que después de un primer párrafo genial, que firmaría cualquier buen científico social alienígena (por aquéllo de ¿qué diría un marciano que aterrizara por aquí y tuviera que hacer un informe sobre las corridas de toros?)…

Las corridas de toros se practican, principalmente, en España y, en menor medida, en México, América Central, Sudamérica, el sur de Francia y Portugal. Su existencia depende de (1) un suministro amplio y constante de toros “nobles” o “bravos” (es decir, toros criados especialmente para embestir agresivamente en línea recta); (2) un suministro amplio y constante de jóvenes pobres [dispuestos a  ser toreros]; (3) un gran número de personas practicantes del culto al héroe y adictas a las emociones fuertes que le ofrecen representaciones de coraje físico en estado puro; (4) un número menor de aficionados obsesionados con los detalles técnicos e históricos; y (5) generaciones de escritores e intelectuales taurinos que consideran las corridas de toros un arte más que un deporte. A lo largo de cualquier año se llevan a cabo, aproximadamente, unas 10.000 corridas de toros en todo el mundo, por lo general en el contexto de una festividad religiosa local, que también puede incluir encierros con toros (o vacas) bravos atravesando las calles de cualquier ciudad, como sucede en las famosas fiestas de Pamplona.

…continúe con algunas barbaridades del tamaño de la catedral de Burgos. Nada mejor que un ejemplo para mostrar lo que quiero decir:

Las reglas de una corrida típica requieren de un toro de unos cuatro o cinco años de edad, que será “picado” en todo lo alto con una larga lanza, para después ser debilitado aún más por las banderillas y por los pases, arriesgados y llamativos, de los toreros y, finalmente, ser matado con una espada empujada por una hombre que viste ropa decorativa en lugar de ropa de protección. Dado que los caballos de los picadores (los jinetes que perforan al toro con lanzas durante la primera etapa de la lucha) llevan en la actualidad un acolchado grueso, la crueldad con los animales se convierte en un elemento accesorio, no fundamental, para la mecánica real de la corrida, es decir, resulta más aparente que real. De hecho, las corridas de toros han creado una reserva ecológica para el toro bravo ibérico, una especie tan rara y única como el búfalo americano, que ahora es acariciado y mimado por los ganaderos. Por otra parte, el concepto arcaico de la virilidad que anima el espectáculo requiere de un digno oponente en todo momento (existen mujeres toreros, pero todavía se las considera como anomalías, del mismo modo que sucede con los enanos y los toreros cómicos). Por eso mismo, el público hispano muestra siempre su desaprobación si perciben que un toro está siendo manejado [lidiado] de manera incorrecta o maltratado. Sin embargo, la psicología de ambos, artistas y espectadores, es totalmente sadomasoquista, como no podría ser de otro modo en un espectáculo que muestra una matanza pública y un riesgo innecesario de la vida humana. Para el estudiante reflexivo del deporte mundial, las corridas de toros plantean cuestiones de naturaleza moral o ética mucho más serias que las que plantean los exaltados activistas en relación a los derechos de los animales.

Madre mía. A ver si encuentro tiempo (y ganas) para terminar de leer el artículo.

Referencias:

  • Mitchell, Timothy. 1996. «Bullfighting.» En Encyclopedia Of World Sport: from Ancient Times to the Present, editada por David Levinson y Karen Christensen, 63-68. Santa Barbara: ABC-CLIO.

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Miércoles, 25 mayo 2016 at 9:48 am

High Five

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Es agradable creer que algo tan magnífico como el high five pudo inventarse una sola vez, en un instante romántico e inolvidable. Pero la verdad es que este tipo de cosas se reinventan muchas veces, por muchas personas—hay tantos mitos reescritos a lo largo del tiempo […] En última instancia, la historia del high five es una historia de fantasmas, sobre cómo recordamos y de lo mucho que queremos que nos recuerden.

—Jon Mooallem

 

Referencias:

El Puzzle

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Sin nuestra pieza, el puzzle no va a estar completo. La sociedad está hecha de unas cuantas piezas. Si yo compro un puzzle, cuando descubro que me falta una pieza, ese puzzle ya no me sirve. Ese puzzle debe completarse.

—Luis, persona sin hogar en Madrid

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Jueves, 3 marzo 2016 at 11:26 am

La mesa de trabajo del hámster

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Una vez que la mesa está dentro es mucho más fácil de controlar porque tienes algo a lo que agarrarte y algo con lo que parar. […] Pienso que, en el futuro, las nuevas versiones podrían incluir algún tipo de freno.

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Sábado, 27 febrero 2016 at 9:37 am

La soledad del corredor de fondo

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Ellos pueden pasarse todo el día espiándonos para ver si hacemos alguna de las nuestras, si trabajamos bien o si hacemos “atletismo”, pero no pueden sacar una radiografía de nuestras tripas para averiguar qué nos estamos diciendo nosotros mismos. Yo me he hecho toda clase de preguntas y he reflexionado sobre mi vida hasta el momento presente. Y me gusta hacerlo porque entretiene; ayuda a pasar el tiempo y hace que el Borstal no parezca ni la mitad de malo de lo que decían los muchachos de nuestra calle. Y la chorrada está de las carreras de fondo resulta lo mejor de todo, porque me hace pensar también que aprendo las cosas aún mejor que cuando estoy en la cama por la noche. Por lo demás, con esto de pensar tanto, mientras voy corriendo me estoy convirtiendo en uno de los mejores corredores del Borstal. Ahí no conozco a nadie que haga sus cinco millas mejor que yo.

Tan pronto como me digo que soy el primer hombre que ha caído en este mundo, y tan pronto como, a primeras horas de la mañana, cuando ni siquiera los pájaros se siente con ánimo para cantar, salgo de un salto tremendo a pisar la hierba helada, me pongo a pensar, y esto es lo que me gusta. Doy mis vueltas en un sueño. Doblando los recodos de una vereda o de un caminito sin enterarme si quiera, saltando arroyos sin darme cuenta de que están allí, gritando los buenos días, sin verle siquiera, a un ordenador de vacas la mar de madrugador. Sí, da gusto ser corredor de fondo, encontrarse a solas en el mundo sin un alma que le ponga a uno de mala uva, o que le diga lo que debe hacer, o que le diga que a pocos pasos, en la calle de al lado, hay una tienda que descerrajar. A veces pienso que nunca he sido tan libre como durante el par de horas que troto fuera de las puertas, subiendo por el sendero y doblando el roble aquel de cara pelada y barriga enorme del final del camino. Entonces todo está muerto, pero con una muerte buena, porque ha muerto ya antes de haber vivido, y no después de vivir. Así es como lo veo yo. Se lo advierto, muchas veces, al empezar, estoy tieso de frío. Me parece no tener manos, ni pies, ni nada de carne en el cuerpo, lo mismo que si fuese un fantasma que ni siquiera se enteraría de que tiene el suelo debajo si de vez en cuando no lo viese a través de la niebla. Pero aunque ciertas personas, si escribiesen en una carta sobre esto a sus mamaítas, dirían que sufren un frío tremendo, yo no lo digo, porque sé que dentro de media hora habré entrado en calor, que cuando llegue la carretera y tuerza hacia el sendero de los trigales, junto a la parada del autobús, me sentiré tan caliente como una estufa de panza redonda y tan feliz como un perro con un rabo de hojalata.

Es un vida buena, me digo a mí mismo, con tal de que uno no se dé por vencido ante los guardias, ni los amos de los Borstales, no todos los demás cochinos que están dentro de la ley. Trot-trot-trot. Paf-paf-paf. Slap-slap-slap, corren mis pies sobre el duro suelo. Flis-flis-flis, a medida que mis brazos y costados rozan las ramas desnudas de los arbustos. Porque ahora tengo 17 años, y cuando me suelten —si me decido y procuro que las cosas cambien— intentarán meterme en el ejército, ¿y qué diferencia hay entre el ejército y el sitio donde estoy ahora? A mi no me engañan, esos canallas. He visto el cuartel cerca de donde vivo, y si no hubiera pipis con sus fusibles, de guardia en el exterior, uno no conocería la diferencia entre sus altas paredes y el sitio en el que me encuentro ahora. Y aunque los quintos salgan de tarde en tarde durante la semana a por un cuartillo de cerveza, ¿que? ¿No salgo yo cada dos días a mi carrerita de fondo con lo que vale cincuenta veces más que emborracharse? La primera vez que me dijeron que correría sin un guardia pedaleando en su bici mi lado, no podía creerlo; pero dijeron que aquel Borstal era un establecimiento progresivo y moderno; aunque a mí no me engañan, porque, por lo que me han contado, sé que es exactamente lo mismo que otro portal cualquiera, excepto que me dejan trotar por el campo de este modo. Un Borstal es un Borstal, hagan lo que hagan; pero de todos modos yo gruñí un poco, quejándome de que era un poco peliagudo eso de soltarme tan temprano a correr cinco millas con el estómago vacío, hasta que a fuerza que hablar me hicieron cambiar de pensamiento y decidir que tampoco era tan malo —cosa que ya sabía desde el principio—, y ellos me dijeron que era un buen deportista y me dieron palmadas en el hombro y yo les prometí ganar para ellos la Borstal Blue Ribbon Prize Cup for Long Distance Cross Country Running (All England). Y ahora, cada vez que viene de visita, el gobernador me habla casi como hablaría a su caballo de carreras, si lo tuviese.

Referencias:

  • Sillitoe, Alan. [1959] 2007. La soledad del corredor de fondo. Madrid: El tercer nombre.

Written by Commedia

Lunes, 22 febrero 2016 at 8:29 am

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